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Un camino de 1.200 años de historia

Una experiencia vital desde hace mil doscientos años
Un camino de 1.200 años de historia

Los seres humanos necesitamos nuevas experiencias para vivir, buscamos constantemente reforzar la sensación vital de encontrar motivos esenciales para dar valor a los momentos. La vida es actividad y descubrimiento y necesitamos viajar para vivir, hacia nuevas respuestas que alivien las inquietudes cotidianas o sencillamente por seguir un camino hacia un lugar desconocido que puede significar la renovación de uno mismo. Los pueblos de todas las culturas y rincones del planeta han peregrinado hacia lugares sagrados desde tiempos ancestrales. En otros tiempos solo los hombres y mujeres con unas dotes extraordinarias para la aventura y la exploración tenían posibilidad de viajar y descubrir nuevos mundos y lugares sorprendentes. Y también los peregrinos que se aventuraban en tierras desconocidas hacia lugares que no estaban seguros de su existencia.

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En el año 820 fueron descubiertos los restos del sepulcro del apóstol Santiago el Mayor en una aldea de la costa de Galicia. El acontecimiento revolucionó los territorios del occidente de Europa y comenzó un cambio trascendental en las inestables fronteras entre los reinos cristianos y el imperio musulmán que dominaba la mayor parte de la península ibérica. El Camino de Santiago se convirtió en un canal de culturas, etnias, costumbres, información y tendencias, era un viaje de fe y desarrollo social y económico. En el siglo XI se pusieron de moda en Europa las peregrinaciones hacia las ciudades de Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela. El deseo más intenso y trascendental de cualquier cristiano en el agitado mundo occidental de la Alta Edad Media era peregrinar hacia los santos lugares de Oriente Medio que fueron escenarios de la vida, pasión y muerte de Cristo, caminando durante semanas hasta la Basílica de San Pedro, en Roma, o para cumplir los rituales delante del sepulcro plateado del apóstol Santiago en la catedral compostelana, cerca del Finis Terrae, donde sucumbían todas las realidades palpables de la humanidad en la última frontera del mundo conocido.

Un camino de 1.200 años de historia

El Camino de Santiago ha resistido guerras, imperios y revoluciones, y con mayor o menor interés o confusión según el momento histórico, ha mantenido conectadas las ideas, las artes y las políticas entre los pueblos y los reinos desde el origen de las peregrinaciones. En la ruta jacobea el senderista, ciclista, corredor o jinete se convierte en peregrino jacobeo, la picaresca escondida en recursos innecesarios en reflexión, el viaje previsto en experiencia imprevista y las promesas vacías en amistad. La ruta de las flechas amarillas es un camino en constante evolución, adaptado a los peregrinos del siglo XXI que llegan con los talantes y actitudes de las nuevas generaciones abiertas, modernas y dinámicas, está a su servicio y el peregrino se siente importante y correspondido. Un itinerario que encaja perfectamente en los actuales parámetros del turismo activo sin olvidar ni dejar de lado el profundo poso filosófico y espiritual que ha construido los cimientos de las peregrinaciones compostelanas. El Camino de Santiago es largo e intenso, en varias semanas de travesía es fácil sentir todo tipo de estados emocionales y sensaciones contradictorias, dudas, deseos, nuevas ideas y preguntas sin respuesta. Y lo mejor de todo es superar cada día todas las incertidumbres sin dejar de seguir la dirección de las flechas amarillas porque creer en uno mismo es la principal meta del Camino, mucho más valiosa que llegar hasta la popular y hermosa plaza del Obradoiro.

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